Black Mirror: el himno nacional desafinado

Un artículo prometido, y menos breve de lo que pensaba, sobre las lagunas que le veo al primer capítulo de la miniserie británica Black Mirror. Por supuesto, está plagado de spoilers de alto nivel.

Recordemos el argumento del capítulo, aunque no creo que haga falta. Un buen día, el primer ministro se despierta para encontrarse con una noticia estrambótica. Alguien ha secuestrado a una jovencita de la jet set (princesa, para más señas) y amenaza con matarla ese mismo día a las cuatro de la tarde si el Primer Ministro no accede a mantener relaciones sexuales con una cerda en directo a través de la televisión. Al principio no se lo quiere creer, su gabinete le convence de que es verdad, se intenta ocultar la noticia, salta a Youtube y a partir de ahí es imparable. Las redes sociales se llenan de mensajes de apoyo al Primer Ministro pero entonces, el “terrorista” manda presuntamente un dedo arrancado a la princesa para demostrar que va en serio, y las redes sociales cambian de opinión y empiezan a decir que no es para tanto tirarse a una cerda… mientras lo haga otro, claro. Después de un intento fallido de localizar a la princesa, el Primer Ministro accede, se lleva a cabo la retransmisión, todo el mundo la ve… sin saber que la princesa anda libre desde media hora antes de que empezara la retransmisión, que el “terrorista” era un artista moderno, que se suicida, y que el dedo de marras no era de la princesa sino del artista-terrorista. Un año después todo está bien de cara al público, el Primer Ministro es uno poco más popular si cabe… pero su mujer no le habla. Fin. Vamos a ello.

LAGUNAS DE GUIÓN

– El Primer Ministro: una de las dudas que me asaltó mientras veía el capítulo fue “vale, el primer ministro tiene que tirarse a la cerda, pero si dimite… ya no es el primer ministro y no puede cumplir las demandas. ¿Por qué nadie piensa en la dimisión?”. Aquí entraríamos en cuestiones de poder. ¿Sería capaz de someterse a una humillación sexual como la que refleja el capítulo antes que perder el poder? ¿Serían capaces sus asesores de quitarle la idea de la dimisión de la cabeza para no perder sus puestos junto con él? En fin, muchas cuestiones muy interesantes sobre lo que un político puede hacer por aferrarse al puesto. Pero en el capítulo no hay ni rastro de ellas, y yo no paraba de pensar, minuto tras minuto ¿pero por qué nadie piensa en organizar una dimisión media hora antes de la hora límite? Siempre quedará alguien en el cargo, pero la situación política no será exactamente la misma.

– El actor porno: durante un momento, se pretende contratar a un actor porno para que doble al primer ministro y sustituirle la cara por ordenador. Me voy a saltar el hecho de que, físicamente, el actor porno y el primer ministro se parecen poco y el artista-terrorista podría haber visto la trampa. El caso es que cuando el actor porno está entrando en el estudio, uno de los trabajadores le reconoce y en un microsegundo desenfunda su móvil de última generación, le saca una foto y la sube a su Facebook, su Twitter o lo que tenga. El momento reconocimiento-foto no durará más de cinco segundos. Mi pregunta es ¿cuántos hombres son capaces de reconocer a un actor porno… por su cara? ¿Cuántos minutos dedica una película porno a enfocar la cara de su protagonista masculino? ¿Cuántos hombres buscan en la red fotos de actores porno? No actrices. Actores. Es una tontería, y si fuese la única laguna ni siquiera la tendría en cuenta, pero la rapidez para reconocer al tipo (vestido), sacar foto y subirla a Internet es, cuanto menos, sorprendente. Como también es sorprendente que no se le eche encima todo el servicio de seguridad y rompa su smartphone en pedacitos. Los personajes de este capítulo son un poco cortitos, sinceramente.

– Gobiernos cediendo a chantajes terroristas: uno de los puntos difícilmente creíbles del capítulo. Todo gobierno, en mayor o menor medida, ha cedido alguna vez para ayudar a compatriotas, generalmente en forma de pagos de rescates, cuando la noticia no está en primera plana y cuando no es una banda terrorista reconocida la que amenaza. Pero eso nunca ha pasado cuando la situación es tan pública como la que se refleja en este capítulo, porque supondría un mensaje muy peligroso para futuros terroristas. En cambio, los miembros de este gabinete que rodean al Primer Ministro inclinan la rodilla a primeras de cambio, gritándole a los terroristas del mundo “venid a chantajearnos. ¡Haremos lo que queráis!”. En este aspecto, y siendo de España, no pude evitar acordarme del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco por ETA en el año 1997. Para los que no seáis de España, o seáis jóvenes y no lo recordéis, un resumen. Miguel Ángel Blanco era un concejal del ayuntamiento de Ermua (País Vasco) que fue secuestrado por ETA. Si el gobierno no accedía a acercar a los presos de ETA a cárceles del País Vasco en dos días, sus secuestradores lo matarían. Era un chico joven, de veintitantos años. No era una gran figura ni un militante importante, simplemente un concejal de pueblo. En esos dos días no se oyó ninguna voz pública en prensa, televisión o procedente de partidos políticos que dijera “pues deberíamos pensarlo”. Se tenía muy claro que ceder era garantizarse que la semana siguiente volviera a pasar lo mismo. Blanco apareció herido de muerte cincuenta minutos después de que se cumpliese el ultimátum y murió ese mismo día. De nuevo, ningún medio de comunicación o partido político atribuyó ninguna parte de la culpa al gobierno o dijo “se debería haber llegado a un acuerdo”. Habiendo vivido aquella situación, recordando los casos de periodistas secuestrados y asesinados por Al Qaeda como Daniel Pearl, viendo como se han comportado los gobiernos, los medios de comunicación y la gente en estas situaciones, lo que describe El himno nacional me parece totalmente irreal e increíble. Puedo aceptar que un gobierno ceda o llegue a acuerdos en casos con menos publicidad, pero ¿en un caso tan público como este? No. Y es un gran problema, porque si una de las claves más importantes para hacer avanzar el argumento no se sostiene, el impacto del capítulo queda bastante dañado.

– El dedo: el fallo más garrafal. El artista-terrorista se corta el dedo meñique, le pone un anillo de la princesa y lo manda a un canal de noticias. Se supone que ese dedo acabaría analizado en la policía, y sin embargo, nadie es capaz de ver a) que ese dedo es un meñique y no un anular…y mirad vuestros propios dedos para que veáis la gran diferencia que hay entre un meñique y un anular, no hace falta ser forense para distinguirlos, b) que ese dedo es de un hombre de 40-50 años que trabaja con sus manos y no de una adolescente que no ha dado un palo al agua en la vida y c) que si el artista-terrorista no ha sido capaz de arrancarle un dedo a su rehén, tampoco va a ser capaz de matarla y, por tanto, toda la amenaza es un farol. En cuanto el dedo hubiese llegado a la policía y se le hubiese hecho un análisis superficial, alguien tendría que haber visto que no se correspondía con lo que pretendía ser.

– La princesa liberada media hora antes sin que nadie la vea: el artista-terrorista finalmente libera a la princesa media hora antes de que empiece la retransmisión, esperando que alguien la encuentre, dé la voz de alarma y detenga toda la pantomima. Pero, por lo que parece, a la princesa no la encuentran hasta una hora (o más) después de su liberación. Esto pretende reflejar que no había nadie en las calles que pudiera verla porque todo el mundo estaba en sus casas o en los bares viendo la televisión. Me voy a saltar el hecho de que todo el mundo accediese a ver semejante programa. Mi queja es otra. Los horarios de trabajo en Londres supongo que serán de 9 de la mañana a 5 de la tarde, más o menos. Esto ocurre a las cuatro. Uno de los puntos a los que acude el capítulo es un bar, al que supongo que habrá ido la gente que estaba trabajando y quería ver el espectáculo. El asunto es, ¿cuando alguien está trabajando y quiere bajar al bar a ver algo en concreto, está en el bar una hora antes de que empiece? ¿No sería más lógico que en esa última media hora, en la que la princesa ya estaba libre, hubiese un montón de gente moviéndose por Londres para ir a casa o a un bar a ver el espectáculo? ¿Tan interesante era el previo al “partido” que los londinenses se pasaron ese día en los bares? ¿No había ni un solo tendero en su puesto, ni un conductor de autobús, ni un taxista, ni un ferry por el Támesis, ni un turista que quisiese aprovechar el día, ni un policía trabajando en pleno centro de Londres y en medio de una amenaza terrorista de naturaleza desconocida? Un poco traído por los pelos, sinceramente.

PARCIALIDADES Y EXAGERACIONES

– Actos zoófilos de una hora: esto es humor negro, pero ¿una hora de darle a la cerda (según palabras del chico del hospital)? El Primer Ministro debería considerar seriamente dedicarse al porno. Esto no es tanto una laguna como un momento chocante. Me parece querer exagerar y dramatizar demasiado. Creo que a cualquier hombre le obligas a hacer un acto como el reflejado en el capítulo, y antes de estar una hora copulando con la cerda se desmaya. No me extraña que la mujer no le hablase un año después. Claro, una hora con la cerda y cinco minutos con ella y… ufff, esto ya es humor chamuscado.

– La ciudadanía-masa: entiendo que es una opción narrativa, pero otra parte del capítulo que me impide identificarme con lo que ocurre en pantalla es el tratamiento del pueblo llano como una masa totalmente uniforme. Toda la población se mueve como una masa, no hay ninguna voz discordante, por pequeña que sea, ningún disidente que no quiera sumarse al espectáculo. Y el problema es que yo sé a ciencia cierta que si una situación como ésta ocurriese en la realidad yo no vería el programa, por la misma razón por la que no he visto nunca un Gran Hermano o un Operación Triunfo, por la misma razón por la que aparto la vista cuando un telediario muestra cadáveres o moribundos en atentados en el Tercer Mundo, que no mostrarían si los muertos fuesen del Primer Mundo… que para todo hay clases. No me gusta el sensacionalismo y los dobles raseros. Entiendo que el capítulo pretende exagerar para mostrar una crítica, pero el problema que le encuentro es que simplifica, exagera y dramatiza demasiado hasta el punto de que la situación no es reconocible… y esto puede funcionar en una comedia, pero no es tan sencillo en un drama que pretende ser profundo y complejo. En mi opinión no funciona, y el mejor ejemplo es la escena en la que se muestra un bar a unos minutos del comienzo del show. La gente en el bar está sonriente, alegre y tomándose unas cervezas, como si en vez de estar a punto de ver la violación de un hombre y la culminación de un chantaje terrorista a todo el país (ellos incluidos) fuesen a retransmitir la final de la Champions League. Entiendo que quiere ser una crítica, pero se me antoja ridícula de tan simplista que es. Del mismo modo, cuando el show comienza y los espectadores se dan cuenta de que no es una fiesta ni es para tomarse una birras viéndolo, me vuelvo a salir de la narración por tratar a la masa como a niños pequeños. Han ido a ver la violación de un hombre en directo ante todo el mundo, ¿acaso esperaban que fuese divertido? No niego que esta situación se diese con parte de la población, hay gente para todo, pero ¿con todos? ¿Uniformemente? ¿Realmente los guionistas piensan que, ante una situación tan exagerada, los espectadores actuarían así? Me parece una crítica social de brocha gorda y más que bofetada en la cara, parece una pataleta de niño pequeño para llamar la atención. El retrato general del comportamiento de la masa es demasiado simple para una serie a la que le han colgado calificativos tan brillantes.

– El arte moderno: un año después, la televisión recuerda que el acto terrorista fue cometido por un artista moderno e informa de que algunos califican el exitoso chantaje como la primera gran obra de arte del siglo XXI. Por un lado me gusta que pongan el dedo en la llaga del arte moderno y lo que se puede considerar arte. Por otra parte, es otro factor del capítulo que me resulta irreal. Por la misma regla de tres, los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, los del 11 de marzo de 2004 en España, el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, los asesinatos del a isla de Utoya… cualquier hecho violento que haya suscitado una reacción popular podría considerarse arte si en vez de un terrorista chiflado los hubiese perpetrado un artista moderno, ¿no? Llamar “arte” a un secuestro, chantaje y violación, solo porque los haya perpetrado un artista ya es bastante arriesgado, pero hacerlo en televisión delante de cualquier chiflado es como gritar “eh, ¿quieres cometer un crimen? ¡Declarate artista y te alabaremos por ello!”. No me parece raro que surja la idea de que la retransmisión televisiva en cuestión es arte, hoy en día a cualquier cosa le llaman arte, y más de una es un crimen contra el buen gusto. Lo que me choca es que se llame arte a un crimen, tan a la ligera, tan públicamente y en una pieza de información como es un telediario.

– “A partir de esta noche, poseer el video será ilegal”: una pequeñez. Mientras el primer ministro se dirige al estudio de televisión para culminar el show, una de sus asistentes le dice que no se preocupe porque se ha promulgado una ley por la cual poseer una grabación de lo que va a pasar será delito. Esto me despierta varios peros automáticamente. El primero de ellos es ¿cuánto tiempo se necesita en el Reino Unido para redactar y aprobar una ley, aunque sea de forma urgente? ¿Realmente se puede hacer en una mañana? Segundo, ¿cómo queda ante el público un gobierno que redacta una ley para proteger exclusivamente a una persona de su propio partido? Tercero ¿ninguno de los que han participado en la redacción y aprobación de esa ley se han dado cuenta de que es impopular y lo más inútil que se les podía haber ocurrido? En cuanto ese video se emita, alguien lo grabe y lo cuelgue en internet, es imparable. Una ley que solo afecta a ciudadanos británicos no va a evitar que un estadounidense, un sueco, un noruego, un alemán, un finlandés o un chino cantonés descarguen el video y lo suban mil veces a Youtube. Esta frase la acepto como una crítica al desconocimiento que tiene mucha gente del poder de difusión de internet (y de todos modos, dicha crítica estaría poco explotada), pero aún así me parece un poco traída por los pelos.

– Discurso a la nación: me extraña que en lugar de tanto histerismo, tantas prisas y tanta preocupación, no se piense en ningún momento en dar un discurso televisado concienciando a la gente para que, por respeto a sí mismos y al hombre que está detrás del primer ministro (y a la cerda también), no vean el show. Desde el principio es obvio que, cuanta más gente vea el show, mayor será la victoria del presunto terrorista. ¿Por qué no se organizan debates, por qué no se conciencia a la gente de que ver el show es darle la victoria a un chantajista violento? Todos los acontecimientos se precipitan sin que nadie piense lo más mínimo. Y entiendo que esta falta de reflexión pretende ser una crítica, pero vuelvo a decirlo… esta precipitación y esta carencia de algo tan típico como una panda de expertos opinando sobre todos los aspectos del chantaje me alejan de la realidad. Vuelve a ser demasiado exagerado.

UNA SOLUCIÓN

Como no todo van a ser quejas, voy a proponer una mejora para que el capítulo resultase más creíble. Los mayores problemas que tengo con el desarrollo del capítulo son los siguientes: la facilidad con la que el gobierno cede al chantaje terrorista por cuatro (o cuatro mil) comentarios en Twitter, cuando eso es inaudito (¿desde cuando los gobiernos se mueven por las opiniones de los ciudadanos?), y la simplicidad y uniformidad con la que se refleja al pueblo llano. Para arreglar lo segundo habría que reformar partes del capítulo, pero los problemas que le veo al capítulo con el hecho de que un gobierno ceda tan fácilmente a un chantaje terrorista se solucionarían de forma muy sencilla si el objeto del chantaje no fuera el gobierno, sino cualquier otra figura pública. Por ejemplo, un representante religioso. Un cura, un obispo, algo así. Libraría al capítulo del gran problema de plasmar algo tan irreal como que un gobierno ceda a chantajes terroristas para salvar a una princesita del corazón, y potenciaría uno de los debates del capítulo (¿es legítimo humillar y destrozar a un hombre por salvar a otra persona? ¿Y es legitimo vérselo como si de un partido de fútbol se tratase?) al eliminar la vertiente política, que se explota más bien poco y de forma simplista, exagerada y poco basada en la realidad.

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10 pensamientos en “Black Mirror: el himno nacional desafinado

  1. totalmente de acuerdo contigo,el capitulo es en general una utopia estupida a mas no poder ,eso no pasaria jamas ,lo que me fastidia es que ves foros y criticas y dicen que es la ocava maravilla el capitulo,pero hay en algo que tiene razon la gente esta bastante idiotizada con el twiter el facebook y todo eso,y con encumbrar series por que son diferentes ,pero por favor que sean creibles no una pantomima.

  2. Lo único en lo que no estoy de acuerdo es:
    – lo de arte contemporaneo: no es que quieran llamar obra de arte a un ataque terrorista, es que en concreto, ese artista y terrorista quiere llamar a su acto obra de arte. Compararlo con otros atentados es una idiotez, porque en este capitulo el es realmente artista y considera que hacer que la sociedad llegue a ese punto es una obra de arte, lo demas terroristas su intencion era matar gente, etc.
    -Lo que dices al final de que si el ataque fuera contra otra figura pública y no contra “una princesita del corazón”: en Reino Unido la monarquía es muy querida, no como en España, y la princesa es una figura que la gente defiende muchisimo, porque a todos les gusta y admiran, de hecho es la mejor figura que podrian a ver escogido para un secuestro, porque pone en un aprieto tanto al gobierno como a la sociedad; no es la misma mentalidad que la monarquia y princesa que hay aquí, que es algo banal y tema de humor.

    • ¡Hola Anónimo :)!

      – Lo del arte contemporáneo, ten en cuenta que hace más de un año que vi el capítulo así que perdóname si no me acuerdo bien. El comentario que hago se refiere a una frase que decían en un telediario un año después de los sucesos, que, si mal no recuerdo venía a decir “algunos consideran ésta la primera gran obra de arte del siglo XXI”. No era una información orientada a decir que el artista consideraba que su acción era una obra de arte, sobre todo porque el artista se suicidó en cuanto cometió la obra y no sé si dejó notas de algún tipo. Era más bien que algunos consideraban que su acción era una obra de arte. Evidentemente, lo consideraban porque estaba provocada por un artista, si hubiese estado provocada por un terrorista de tres al cuarto la discusión hubiese estado fuera de lugar. Pero en el fondo, por mucho que el perpetrador sea un artista, estamos hablando de secuestro y extorsión. Un delito. Un delito no se puede llamar arte en un telediario, por mucha movilización popular que produzca o por mucho que el perpetrador sea un artista. Con el mismo sentido podría ser arte un acto terrorista si estuviese provocado por un artista enajenado. De ahí la comparación que hago en el artículo. Sea quien sea el autor, lo que describe el capítulo es un delito. Y la verdad es que ésta es una queja pequeña, más por la banalización que hace el capítulo del tema de los límites del arte (reduciéndolo a una frase) que porque saquen el tema en sí. El tema de a qué se llama arte hoy en día es bastante interesante.

      – Respecto al segundo punto, me refería a que vería menos problemas al capítulo si el objeto de extorsión no fuese el gobierno. No tengo ningún problema en que el sujeto de la extorsión sea la princesita del pueblo, de hecho es lógico que el artista-terrorista escoja a una figura querida por el pueblo, como bien dices. El problema es el objeto de la extorsión, que sea el gobierno y que se deje extorsionar tan fácilmente. Si esta extorsión hubiese ido dirigida a una figura pública personal (un actor, un obispo) y no a la estructura representativa de un Estado, no le vería tanto problema. Pero que un gobierno hinque la rodilla por una princesita de pueblo, o por un periodista o por un concejal de pueblo en algo tan público como lo que se describe en el capítulo… me cuesta mucho creerlo. Ese es el problema que le veo. Hubiese sido más creíble si el chantaje no hubiese sido tan extremo, y habría suscitado las mismas reflexiones.

      Un saludo y muchas gracias por el comentario 🙂

  3. La mayoría de tus quejas son a partir de lo poco realista que te parece el capítulo y las situaciones. Pero me parece que, si bien en algunas tenés razón, otras están hechas así adrede. Lo que se quiere mostrar es una versión exagerada de los comportamientos humanos con la tecnología de hoy, que en un futuro podría verse así (que nadie lo permita, creo que siempre va a haber quien se rebele) . Sería el lado oscuro de la sociedad, así como también se muestra en los demás capítulos.

  4. Lo bueno de esta historia es que hace pensar. Es una provocación en toda regla, y es todo un logro que pueda parecer que podría ser real. Desde el punto de vista cinematográfico, es brillante.

    Sin embargo, coincido en que, en la realidad, el resultado es algo inverosímil. Básicamente, porque cualquier situación en la cual la figura del primer ministro de Gran Bretaña quede comprometida de manera grave supondría un intento de atentado contra el estado y, en consecuencia, activaría los protocolos de seguridad nacional, con la consiguiente intervención del ejército. A partir de ahí, supongo que el MI-5 pasaría a dirigir la situación, al primer ministro probablemente se le obligaría a renunciar temporalmente de sus funciones (que pasarían a manos del presidente del Parlamento de Westminster o de un alto mando militar) y se movilizaría a la fuerza armada para evitar posibles altercados. Gente aglutinada en los bares y calles vacías? Me cuesta creer que eso se diera. Veo mucho más probable que se aplicara el estado de excepción.

  5. Muy buenas a mi el dato que me deja pensando, es que si tan preocupado o interesado estaba en salvar tanto su reputación como a la princesa, al tener el dedo (que es de un HOMBRE), como no lo mandan a analizar y así de una ves capturarle (obviamente se carga el drama).
    Por lo demás aunque este llevado a una visión exagerada en muchos aspectos, una capitulo bastante interesante.

  6. Te recuerdo que es una serie de FICCIÓN. No esperes encontrar situaciones hiperrrealistas, así como existen sátiras y exageraciones, para lograr un impacto en el mensaje de fondo hay detalles que tienes que cuadrar paranque la historia siga. En ese plan, el final de Breaking Bad, la ultima temporada de GOT, etc no tendrían sentido. Pierdes el.foco en tu análisis llevando la.nota de cada “error” o “irrealidad”.

  7. Qué buena crítica, no había caído en algunas cosas. Gracias por compartirlo. Me viene a la mente una frase del manga detective Conan relacionada con la última parte del capítulo: “El ladrón es un artista creativo capaz de crear robos asombrosos, mientras que el detective se limita a reconstruir su trabajo, lo que le convierte en un mero crítico”

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